Manuel Mateo. Escultor.

Obra en Bronce

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TORSO 1 800x600
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Obra en Madera

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Obra en Mármol

19 Yunque marmol  Pieza única
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27 Profeta 4000€
25 Monje
18 Torso marmol  29x52x23 4000€
17 Ave marmol
13ElcorsemarmolPieza única
15ArlequinmarmolPieza única
3TorsomarmolPiezaúnica
7CabezaPiezaunica
5Cabezamarmol

Obra en Cartón Pluma

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Relieves en Cartulina 18 x 28.5

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Relieves en Cartulina 20 x 20

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Relieves en Latón

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8 b
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Relieves en Papel

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4 a
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Relieves en Técnica Mixta

poiuy 0004
800 x 600
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Obra en Acero

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R8 Relieve 40x40 3000€
R7 Relieve 40x40 3000€
R6 Relieve 40x40 3000€
R5 Relieve 40x40 3000€
R4 Relieve 40x40 3000€
R3 Relieve 40x40 3000€
R2 Relieve 40x40 3000€
R1 Relieve 40x40 3000€
9 c 2000€
8 a cabeza 38x25x18
6 b 6000€
5 a cabeza 56x20x20
3acabeza
4acabeza 50x30x25
1b215x55x55cm
7acabeza
2aespera90x40x40

Dibujos

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Figuras Poliespam

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… he de resaltar, como un valor muy positivo, la disposición de las masas que conforman sus esculturas, porque, dentro de una unidad de criterio, manifiestan una extensa gama de matices expresivos sin caer en ningún momento en la fácil repetición, peligro que es frecuente cuando se hace una obra tan dilatada en el tiempo. Es, además, un escultor consciente de sus responsabilidades y compromisos. Es también conocedor de que el arte y el artista tienen que estar empujados por esa continua evolución, tan necesaria para ir acomodando sus creatividades a las exigencias de cada momento, y estar siempre en permanencia, al servicio de esa causa evolutiva. En el caso de nuestro escultor se cumple con soluciones simples pero muy enriquecedoras, que le permiten manifestar esa línea ascendente en toda su producción, haciendo una grata ostentación de ese permanente entusiasmo de encontrar su propia superación en el trabajo de cada día, que es el mejor síntoma de la vitalidad de un artista. Otro aspecto verdaderamente admirable es el buen uso que del conocimiento del taller exterioriza en cada una de sus actividades plásticas. Porque todo lo anteriormente analizado en el proceso evolutivo de su creación escultórica, lo encontramos con la misma fuerza y riqueza de conocimientos en la aplicación que siempre supieron hacer los grandes maestros en sus talleres. Todos sus proyectos plásticos surgen siempre de unos cuidadosos estudios y de la aplicación rigurosa de ese conocimiento a todo el proceso escultórico.
Esta aplicación la hace con un total dominio y con una especial sensibilidad en la búsqueda de esas sutilísimas expresiones que dan carácter y vida al mundo de las criaturas que él concibe para su mejor representación.

EDUARDO CAPA SACRISTÁN.
Presidente Fundador de la Fundación CAPA.


Dentro de los estudios actuales sobre la escultura de nuestros tiempos, he escogido la opinión de Rosalind Kraus como verdaderamente expresiva de las coordenadas en la que hoy se mueve una amplia parcela de esta expresión artística: la escultura resultaría ser “aquello que estaba sobre o frente a un edificio y que no era el edificio, aquello que estaba en el paisaje, y no era paisaje”.
Pues bien, dentro de esta aparente indefinición del objeto escultórico, en esa necesidad de marcar unos límites externos a la obra que permitan encuadrarla mínimamente en una realidad tangible, para ella misma y para sus espectadores, no encontraremos, creo que nunca, el trabajo de Manuel Mateo. Su obra es clara, precisa en cuanto a su personalidad. Nunca se confundirá con su escenario. Sus premisas artísticas están ligadas a toda una problemática cultural de honda raigambre europea que nos llega desde finales del siglo XIX y que se enriquece, continuamente, con nuevas aportaciones, ya en el siglo XX., 
 ….en este crisol se formaron sus maestros y él mismo. Testimonio de ello son sus palabras: “He tenido la gran fortuna de tener buenos maestros. Unos dejaron en mí los conocimientos del oficio. Otros supieron transmitirme la concepción del arte. Esto, que en la actualidad a muchos les parece banal, es un gran tesoro”.
…. Manuel Mateo sigue ahondando, desde diversos campos, en la estilización de las formas sin olvidar su carga expresiva; en el juego sutil del hueco como factor activo o pasivo de la composición; en las acentuaciones cromáticas que a la propia escultura otorgan los nuevos materiales; en el protagonismo de la geometría…
Nada de todo el bagaje artístico-técnico que he intentado resumir como significativo de “lo tradicional y lo nuevo”, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, ha sido olvidado por Manuel Mateo. Creo que es evidente en su obra. Su sólida formación en estos principios estéticos, consolidados por años y maestros, nunca se puede confundir con un estancamiento en su evolución formal y en su investigación material. Nuevas experiencias, en formas, materiales y colores, lo fascinan una vez más. La categoría de “lo quebrado” siempre fue su leiv motif.
…. quisiera terminar recordando unas palabras de Mateo, que creo que definen a la perfección el valor que él da a su formación como escultor y a su pulcritud en el trabajo de las muy distintas materias que él maneja, ahondando en su distinta naturaleza, pero sin mezclarlas: “Si la creación de una obra no está fuertemente anclada al conocimiento del oficio, difícilmente podrá sostenerse en pie, y mucho menos avanzar”.

Mª CARMEN SÁNCHEZ-ROJAS FENOLL
Catedrática de Historia del Arte. Universidad de Murcia.


Se suele considerar que la historia del arte oscila entre momentos clásicos y momentos románticos, que se suceden como los movimientos de un péndulo, de un extremo a otro. Desde el Romanticismo, además, se identifica superficialmente al artista con el héroe romántico y se fabrica una mitología de lo romántico que tiene poco que ver con la realidad. Necesita esa leyenda que favorece lo antiacadémico, lo primitivo, incluso lo salvaje, de un contraste con un presunto modelo de actividad artística académico, conservador y mucho más aburrido. El descrédito de lo clásico se extiende en consecuencia en amplios círculos. Sin embargo, el ideal clásico reside en el núcleo mismo de lo artístico, tal como lo entendieron los propios románticos, y ya en nuestro siglo las, ya denominadas “clásicas”, vanguardias. Según este ideal, el arte persigue una unidad ausente en el mundo natural o en el presente histórico entre la forma y la  los materia o la forma y el contenido, que simbolice la unidad de razón y sentimiento y más profundamente de cultura y naturaleza. Unidad que nuestra tradición percibe en Grecia.
También las vanguardias, con su antiacademicismo, su pretensión de llevar el arte a la vida y de liberar la vida con el arte, tienen como trasfondo un ideal clásico. Podemos resumir sus pretensiones en la de la búsqueda de un lenguaje sensible y universal, que sea naturalmente comprensible. De ahí su crítica feroz de los lenguajes académicos. La idea es unir naturaleza y cultura, lo que solo puede suceder cuando se abandonan los convencionalismos, tradiciones y artificios que inevitablemente el propio mundo del arte fabrica. De ahí la búsqueda de un lenguaje depurado, sencillo y expresivo al tiempo, que se busca en el interior, en la naturaleza o incluso en las expresiones artísticas de pueblos y culturas lejanos a nuestra vieja y maleada civilización.
La escultura de Manuel Mateo parece heredera de ese impulso clasicista de la vanguardia. En su obra, la disciplina del oficio es lo que permite la perceptible naturalidad del resultado, la tendencia a la abstracción y la geometría lo que transmite el movimiento, el gesto o la expresión propios de lo orgánico. Si en su acepción más amplia “arte” es sinónimo de oficio, para que el resultado del oficio sea considerado arte bello, arte en su acepción más elevada, es necesario que aquello que es producto del oficio parezca, sin embargo, naturaleza. Lo cual exige paradójicamente un tremendo esfuerzo de dominio de las técnicas y los lenguajes, que pueden acabar bien por ahogar la voz propia bien, en los casos felices, favorecerla. En el Clasicismo, la expresión personal está reñida sin embargo con la exhibición de peculiaridades biográficas tanto como el academicismo repetitivo, y la búsqueda de un lenguaje propio solo puede resultar de la resolución de problemas que la práctica encuentra. La tarea de la que Manuel Mateo sale airoso consiste en enfrentarse a los problemas formales y plásticos en los que estas tensiones se concretan en el ejercicio escultórico. La escultura ofrece modos específicos de enfrentarse a los problemas del ideal clásico. El primero de ellos, el que resulta más obvio, es el respeto al material. Manuel Mateo utiliza materiales naturales como la madera, nobles como el bronce, industriales como el acero cortén y humildes como la cartulina.
. . . las esculturas en madera de los últimos años en especial, sus bustos, pero también sus figuras reclinadas, muestran el modo en que colaboran artista y material. Resulta una unión de la forma estilizada y sencilla con la cálida solidez del material: algún vértice marcado, la plenitud del contorno redondeado con la profundidad del volumen y la presencia de la figura. En general, puede decirse que la geometría de la obra de este artista es la geometría de la curva, el lenguaje a través del cual trata de mostrar la belleza de la naturaleza. En madera, esta curva es la redondez delicada de un elemento natural.
. . . En bronce, e incluso en acero cortén, ha investigado Mateo en la capacidad escultórica de los bustos, derivando en ocasiones hacia el análisis de la simetría facial.
. . . En todo caso proporciona a la figura humana una dignidad y una presencia que la distinguen de la representación usual del hombre moderno en la escultura contemporánea.

FRANCISCA PÉREZ CARREÑO
Catedrática de Estética. Universidad de Murcia.